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LA PSICOLOGÍA COMPRENSIVA DE KIERKEGAARD

In Ensayo Libre on marzo 30, 2012 at 2:57 am

Ana Maria López Calvo de Feijoo*  Presidente del IFEN de Río de Janeiro, Brasil

Abstract:

Reflect about the human existing has been the foundation of the work of Soren Aabye Kierkegaard, with his way of being reactionary, being against to the external order in his time, he transformed into a solitaire, but he was not lost in the impersonal way. The fight of the danish philosopher was in the sense to alert the man on the danger to become an “eternal zero”. In a way, allow the man to take himself by the commands of the social matter, retiring or forgetting his exit towards the singularity. The possibility of proclaiming the alert shout, to make emerge the singularity, to live the conscience of himself and not letting lose in the illusion, stimulated by the publicity was the main legacies of the philosopher to Psychology. The science, in which, according to Kierkegaard, fits the study of the two own conditions of human existing: The anguish and the desperation, in which the man can emerge in his singularity thus not to lose himself in the general. These are the reasons because the aspirator of a proposal in Comprehensive Psychology is recognized in Kierkegaard, and still, like aspirator of a way to the psychotherapeutic act.

Key Words: freedom, anxiety, anguish, existence, illusion, possibility, truth.

Resumen:

Reflexionar sobre el existir humano ha sido el fundamento de la obra de Sören Aabye Kierkegaard, con su modo de ser reaccionario, oponiéndose al orden externo vigente en su época, se transformó en un solitario, pero no se perdió en lo impersonal. La lucha del filósofo danés fue en el sentido de alertar al hombre sobre el peligro de volverse un “eterno cero”. En fin, permitir dejarse llevar por los comandos de lo social, retirándose u olvidándose de su salida  hacia la singularidad. La posibilidad de proclamar el grito de alerta, de hacer emerger la singularidad, de vivir la conciencia de sí mismo y el no dejarse perder en la ilusión, estimulada por el publicidad, fueron los principales legados del filósofo ala Psicología. Laciencia, en la cual, según Kierkegaard, cabe el estudio de las dos condiciones propias del existir humano: la angustia y la desesperación, en las cuales puede el hombre emerger en su singularidad para así no perderse en el general. Éstas son las razones porque se reconoce en Kierkegaard el inspirador de una propuesta en Psicología Comprensiva, y aún, como inspirador de un modo de actuar psicoterapéutico.

Palabras Claves: Libertad, ansiedad, angustia, existencia, ilusión, posibilidad, verdad.

Introducción

Soren Aabye Kierkegaard nació en 1813 y murió en 1855, en Dinamarca. Fue educado por su padre de forma austera, con total respeto a los principios religiosos, que consideraba necesarios para salvar a su familia de las blasfemias que había proferido en el pasado. Relata que no le fue permitido comportarse o pensar como un niño. Su padre le exigía que se comportase como un adulto, conforme él mismo relata: “Aquí residen las dificultades de mi propia vida. Fui educado por un viejo con una severidad extrema en el cristianismo, lo que ha perturbado mi vida de manera horrible y me llevó a conflictos que nadie sospecha”. Así mismo, refiriéndose al gran amor que siempre tuvo por su padre, sin lamentar su austeridad, al contrario, en su defensa, dice que fue la manera por la cual fue educado lo que posibilitó ir a fondo en sus reflexiones y llegar lo más cerca posible de los misterios del alma humana. Sigue afirmando que el verdadero amor es aquel que siente por su padre. Lo ama incondicionalmente. Dice aún, que resulta muy fácil amar a quién siempre fue permisivo y benevolente, difícil es amar aquel que fue hostil. Concluye que en la superación se encuentra el verdadero amor. Superar parece tener el verdadero sentido de la vida de dicho hombre (1859/1988).

Kierkegaard dice sobre la existencia humana que es un proceso donde los estadios estético, ético y religioso son vividos de forma no exclusiva y cada estadio trae en sí mismo la semilla del otro. Enumera tres estadios que se corresponden de diversos modos: estético, ético y religioso. En sus romances, describe la existencia humana con riqueza de detalles, en la tentativa de retractar la existencia concreta de sus personajes. No deja de reportarse a los estadios de la existencia, ni de apuntar para el angustia y la desesperación vivida por ellos.

Describe el estadio estético como la opción que se pasa en la tentativa de obtener la plenitud del goce, en total exterioridad. Sin reflexionar, el esteta ahonda el sentido de su vida en las sensaciones, en el dominio del placer. En una vida de subjetivismo extremo y la voluntad ejercida en el presente inmediato, este hombre actúa determinado por los empujes, por la indiferencia frente al otro. En su romance intitulado “Diario de un seductor”, Johannes, el protagonista de la historia, hombre corrompido, seduce a Cordelia con innumerables estrategias. Sin reflexionar sobre sus actitudes,  no asume compromiso con sus actos, sus  acuerdos son estéticos.

El estadio ético se caracteriza por la mediación de la exterioridad con la interioridad. El hombre ético se da cuenta que no es posible ignorar las exigencias, las normas y convenciones de lo externo. Aprisionado a los límites establecidos por lo social. Vive la duda, se cuestiona sobre la verdad y la no verdad. La duda y las obligaciones a que él mismo se condena torna la existencia fatigosa y la gran angustia y su ambigüedad, se pasa entre el placer y el deber.

En el estadio religioso, el hombre de la fe se aparta de lo impersonal y alcanza el singular. Vive su vida en totalidad, sin lugar para la duda, el cree, con infinita tesón, en Dios. No tiembla, ni teme. Cumple sin discutir el orden divino, cree, se resigna, acepta  seguidamente la paradoja de la fe. El hombre de la fe no se molesta con la razón, con las causas y con los efectos, no le pide al espíritu dramático, interrogación sobre el sentido del enigma divino.

En sus escritos, describe y reflexiona sobre distintas situaciones humanas: matrimonio, repetición, culpa, angustia, desesperación, y otras. Al estudiar sobre estas cuestiones, sin duda, se encuentran diferentes y ricas contribuciones para el estudio de la psicología.

Las obras escritas por Kierkegaard fueron identificadas a través de seudónimos. En sus posdatas, explica que en esto consistió su estrategia para alcanzar su objetivo, que era acarrear el hombre a la fe. Para tanto necesitaba ir a donde la mayoría de los hombres se encontraba: en el estético. Como sus escritos contemplaban situaciones estéticas, éticas y religiosas, no podría identificarse, pues perdería lectores que se afinaban apenas con una de esas situaciones. Sus obras estéticas no se dieron en su cursillo estético, obligatoriamente, o por haber tenido una fase de su vida predominantemente estética, sino porque en esto consistía la estrategia permanente en la vida de este escritor. Capaz de abandonar todo aquello que le de esa seguridad, reconocimiento y asumir sus opciones con los riesgos que le trajesen para llevar su proyecto a cabo: defender la supremacía del individuo y el apreso por el comunitario, proclamar una alerta con relación al advenimiento del hombre-masa, avisar sobre el peligro del anonimato, y del grande riesgo del hombre si se vuelve un eterno cero. Advierte sobre el proceso de despersonalización de la sociedad contemporánea por los abusos de la razón objetiva, que limitando los derechos del individuo, valoran la razón positiva y la razón técnica.

En sus escritos, describe y refleja sobre diferentes situaciones humanas: matrimonio, repetición, culpa, angustia, desesperación, entre otras. Al estudiar acerca de estas cuestiones, sin duda, se encuentran diferentes y ricas contribuciones para el estudio de la psicología.

Kierkegaard durante su juventud se dedicó a la vida religiosa, sin embargo, luego empieza a devenir con qué pasaba en las Instituciones religiosas. En su vida adulta, rompe con las instituciones religiosas diciendo (1859/1988): “El cristianismo no es una doctrina, pero un mensaje existencial”. De allí se dedica al estudio del evangelio y se propone a alcanzar la fe como un salto en lo oscuro.

Apuntaba para la contradicción, que vivían aquéllos que predicaban la fe, ya que sus acciones no correspondían a sus elocuciones. Los acusaba de vivir en la ilusión, careciendo de transparencia, una vez que creían ser cristianos cuando en acto no lo eran. Se identificaban como cristianos, sin embargo, no actuaban como tales. Creía que los líderes religiosos deberían vivir en el predominio del cursillo religioso y, que esto no acontecía en sus vidas, predominaba el estético y, cuando mucho el estético-ético. Esas duras críticas a las Instituciones Religiosas y a sus líderes resultaron en su expulsión.

Kierkegaard llama la atención sobre el hecho de que los hombres viven en la ilusión, que consiste en la situación que el hombre cree ser, actuar y decidir aquello que no es, no actúa y no decide, situación en la que el hombre se muestra desconocedor de sí mismo. Para salir de esta situación, se hace necesario reflexionar, y así ganar transparencia, que consiste en la revelación del yo para sí mismo. En la ponderación, reside la cuestión de lo psicológico, a lo cual se llega a través del reflexionar acerca de sí mismo: actos y elecciones, pues para llegar a lo religioso muchas personas, primeramente, precisan el mayor conocimiento de sí mismo.

Kierkegaard: Crítica a la modernidad

Nortear el pensamiento clínico en psicología desde la filosofía de la existencia de Kierkegaard tiene como objetivo principal la elaboración de una propuesta en psicología diferente de la psicología científica. Y, así, alejarse de la concepción de hombre como objeto posible de ser explicado por un sistema. Abandonar la idea de un psiquismo que se constituye como sustancia, y como tal con propiedades y mecanismos que dan a conocer su funcionamiento. Dejar de tomar el yo como algo encapsulado, un interior que se exterioriza. En la perspectiva de una psicología existencial, el hombre es tomado como apertura en devenir, por tanto, no es posible que sea definido, pues su existencia se encuentra indefinida y, constituyéndose como paradoja, siempre en juego en su existir mismo.

Kierkegaard se opone al modo como la filosofía moderna impone sus criterios. La verdad se constituye en el fundamento del pensamiento moderno y es definida como la adecuación entre sujeto y objeto. Para este filósofo, ocurre algo, que fue olvidado en la modernidad, la presencia viva del existente en ese proceso, tornando imposible tal adecuación. Teje considerables críticas a la dialéctica de Hegel y la filosofía moderna que tiene inicio en Descartes, por haber desviado la filosofía de su origen: el pensamiento griego. No acepta la propuesta cartesiana que toma en duda como punto inicial de todo conocimiento. Afirmando que este modo de construcción del conocimiento es inconsistente, una vez que se remete a la conciencia, y ésta conserva una naturaleza contradictoria.

El filósofo dinamarqués se aleja de la explicación metafísica del hombre al afirmar que la existencia (eksistenstsen) asume en un prisma humano un estar-ahí (vaere tilde) que se identifica con el sujeto (subjekt), con el individuo como tal, alcanzando la singularidad ( enkelten). Se opone radicalmente, la idea de tomar el hombre como objeto, afirmando que un hombre individual existente no es una idea. El existente humano no es equiparable a los seres no pensantes. Afirma, aún: “Existir como tal no es ser en el sentido que una patata es”. Una patata jamás podrá interrogarse sobre sí misma. La existencia es la única cosa que no existe de forma abstracta.

Kierkegaard va a tratar la interioridad y la subjetividad en otra perspectiva diferente de la científica. Aquél que busca la verdad debe estar impregnado de pasión. Sentimiento que parece ausente tanto en los modernos pensadores abstractos como en los antiguos escépticos. Así, el individuo se vuelve capaz de posibilitar en la más profunda interioridad la repetición del encuentro del sujeto con la realidad. Surge así una auto-comprensión del hombre singular, que no se da teniendo como referencia un sistema de verdades exteriores y ni un chapuzón en sí mismo, desconsiderando la propia realidad humana.

Teje las mismas críticas a Hegel por colocar el inicio del conocimiento en el sistema con la inmediatez de la existencia. Kierkegaard se opone a la búsqueda del origen, cree que el conocimiento y la existencia se dan por saltos y que toda verdad alcanzada por los sistemas no se da en el inmediato, pues ocurre en un acto de ponderación. De allí propone los estadios de la vida: estético, ético y religioso, para sustituir la dialéctica de la tesis, antítesis y síntesis tal como propuestos por Hegel. En esta perspectiva, el surgimiento de la antítesis sustituye el de la tesis y por fin, la antítesis se constituye en el tercer término, que al final es una abstracción. Kierkegaard utiliza la idea de reconquista (repetición) en el cual (estético, ético y religioso) se dan en la existencia misma de modo no exclusivo.

Por fin, afirma el filósofo de la existencia que la realidad no puede ser alcanzada por el puro acto del pensamiento, sin embargo, se identifica con nitidez en el existir. Volviéndose imprescindible para alcanzarla la pasión. Según Kierkegaard, es la pasión la que posibilita la entrada en el ámbito de la realidad. La existencia también rescata el doloroso y resbaladizo devenir de la realidad. La explicación implicada en un sistema se sustituye por la comprensión, que se constituye en la relación del hombre con el hombre. Mientras creer es la relación del hombre con el divino.

Como los hechos históricos no ocurren por la necesidad, ni en un determinismo rectilíneo o lo mismo por un determinismo probabilístico, se debe, entonces considerar la  contingencia, el inmediato. De allí se vuelve imposible disociar el hecho del significado. Afirma Kierkegaard (1859/1988) sobre como los acontecimientos pueden ser comprendidos “entendemos de su significado revelador, y no apenas entendemos de aquello que se puede aprehender por los sentidos, o por la percepción sensible”.(op.cit)

La Psicología Kierkegaardiana

Al partir de la idea de que el hombre se constituye como movimiento, por tanto, jamás aprensible por un sistema, pensar en un yo que en sí propio consiste en una paradoja del existir humano, implica en la imposibilidad de construcción científica del psiquismo humano. El hombre puede ser pensado, jamás teorizado. Y en cuanto a Kierkegaard irá a proceder en la construcción de su psicología.

Pensar en una psicología kierkegaardiana consiste en creer que la tensión del existir jamás será resuelta, pues existir es tensión de principio a fin. El yo es lo propio a desesperar y la angustia consiste en el devenir.

La tentativa de escapar de la tensión, de la desesperación y de la angustia implica justamente en la caída, en la cual el hombre se encuentra en la mayoría de las veces, pues conjuga diferentes modos de escapar de su situación de vulnerabilidad. Vive en la ilusión, creyendo ser lo que en acto no es; sigue las determinaciones de lo impersonal, volviéndose una “oveja en el rebaño”; bucea tan hondamente en sí propio que se olvida del mundo, se pierde en su imaginario, no regresando a lo real; vive en posiciones psicológicas de no libertad, creyendo que no se escoge, pues son las circunstancias que siempre escogen por él.

Para abordar las contribuciones del pensamiento de Kierkegaard a la psicología serán comentadas, primeramente, dos obras de Kierkegaard. La primera será “El concepto de Angustia”, donde este autor se refiere a la angustia como objeto de estudio del psicólogo y trae los temas básicos de la psicología existencial: angustia, libertad, culpa e interioridad. La segunda será “La desesperación humana”, donde este filósofo formula una psicología, bien como la salud y la enfermedad del yo. Enseguida, para establecer un paralelo entre la propuesta desarrollada por Kierkegaard, acerca del modo por el cual se debe proceder para establecer una relación comprensiva, va a buscarse su obra “Mi punto de vista”.

En “El concepto de angustia”, Kierkegaard se refiere a la psicología, afirmando que cabe a la psicología no el contenido del pecado, pero la posibilidad de pecar inherente al existir humano, ya que a éste le es dada la posibilidad de elección, luego la angustia constituye el posible de la libertad, de allí el hombre constituirse cierto de su finitud y conocedor de sus ilusiones.

La interioridad en Kierkegaard se refiere a la comprensión. Cuanto más delimitado es el contenido de la conciencia, más concreta se hace la comprensión y desde que ésta falte a la conciencia, se tiene el fenómeno de no libertad, en la busca del hombre de apropiarse de su condición de libertad. Y el contenido más concreto de que la conciencia puede disponer es la conciencia de sí, que el hombre puede hallar en sí propio. Esta conciencia del yo no queda condensada a una simple contemplación ni que sea en aquél más rico en palabras o en lo más fuerte en la descripción.  Esta conciencia plena de sí, nadie jamás consiguió alcanzar, pues en devenir, no se alcanza la conciencia de un yo puro, apenas de un yo concreto, en apertura, y por tanto, inalcanzable.

La angustia que interesa a la psicología se constituye mientras hay la posibilidad del pecado – y no mientras se peca. El contenido del pecado importa ala Moral, a la Ética, ala Dogmática. Laposibilidad de pecar importa al psicólogo. El hombre vive en la intranquilidad por la posibilidad de la elección. El pecado original trae la opción, la libertad. Trae la conciencia de la culpabilidad, el sufrimiento que es la angustia. El pecado de Adán es nada más ni nada menos de lo que la elección: poder escoger. Y toda elección trae una consecuencia y cada hombre es responsable por la consecuencia que su elección traiga. Y es la angustia que surge frente al real establecido y al porvenir.

Kierkegaard (1844/1968) define la angustia, como “la antipatía simpatizante y la simpatía antipatizante”, o sea, el temor del mañana, que es el impredecible y el deseo del devenir, que es la continuidad. La angustia, entonces, moviliza, lanza para el porvenir. El miedo, paraliza.

En esta perspectiva, la cuestión del psicólogo es acompañar el salto que el individuo hace a cada elección. Cada elección que no se constituye en el continuado, no es nada que vaya dándose en un soma de experiencias. La elección es un salto. Por tanto, el ayer no importa tanto para que lo hoy se establezca, una vez que el hombre en cualquier momento puede dar un salto. Y el salto implica discontinuidad.

Kierkegaard (op.cit) describe las posiciones psicológicas de la libertad frente a la elección, son ellas:

  • Angustia, relacionada al porvenir, se refiere al lanzarse para el mañana;
  • Culpa, relacionada al pasado, se refiere al vigor de haber sido.

Los varios modos de presentarse en la no libertad, a los cuales Kierkegaard denomina demoníacos, son:

Somático-psíquica: el hombre puede hacer uso de su libertad, o actuar en la no libertad, atribuyendo al cuerpo, al somático, la responsabilidad por cuya acción. Se refiere a la elocución de los hipocondríacos, de los histéricos, como utilizando la no responsabilidad, atribuyendo al somático aquello que él no actúa, o aquello que él actúa.

Eumática: el hombre puede perder la libertad, por la neumática, donde el hombre se justifica en Dios, en la fe. Dice “A Dios todo es posible”, no asumiendo la responsabilidad por su elección.

Exclusión de su interioridad: no teniendo una conciencia reflexiva acerca de sí mismo. Y viviendo cual si no existiese interioridad, cual si todo fuese exterioridad.

En “El Concepto de Angustia” buscase los presupuestos para una psicoterapia existencial las descripciones de no libertad y libertad con el propósito de acarrear aquél que vive en la no libertad y se desespera en la libertad. Creyendo que la angustia es siempre necesaria para el devenir.

Frente a lo expuesto, queda obvio que el psicoterapeuta existencial no va aliviar o amenizar la intranquilidad como expresión de la angustia. Si así fuese mantendría al individuo en la ilusión. Movilizando la angustia, la conciencia de la finitud, la responsabilidad por todas sus elecciones, el riesgo (como movimiento para el devenir) y cierto de que el sentido se construye en el curso de su propia acción, deshace los lazos de la ilusión.

En “La desesperación humana”, Kierkegaard, al reflexionar acerca de lo que es el hombre, dice que mucho más de lo que definirlo como un ser racional, que se caracteriza por el acto del lenguaje, afirma ser aquél que se desespera. Desesperar, es aquello que en el hombre lo difiere de los demás. ¿En la tentativa de profundizarse en este cuestionamiento, se pregunta qué es el hombre? Contesta: es espíritu. Continúa, lo que es espíritu, contesta es lo yo. Y el yo es el propio desesperar, que se constituye en la dialéctica e infinito, de eterno y temporal. Se trata de energía viva, determinante, que en el acto de existir construye su verdad (1936/1961).

De esta forma, Kierkegaard se aleja de la perspectiva de la psicología de su época, que trataba de la psique del hombre como uno de sus elementos, luego se constituía como sustancia con propiedades y mecanismos, posibles de darse a conocer y, consecuentemente constituyéndose en un sistema explicativo, que podría ser formulado por una teoría.

La desesperación en Kierkegaard consiste en el aspecto fundamental de la constitución del yo. Se refiere a varias formas en las que el hombre se desespera.

Describe dos formas de desesperación: la desesperación de la constitución del yo y la desesperación bajo la categoría de la conciencia. Se refiere, aún a la desesperación inconsciente de tener un yo – verdadera desesperación – desesperación que no reconoce a sí mismo: “Una persona que sufriendo de vértigo se refiere a esto con un peso sobre la cabeza”.

La desesperación de la constitución del yo en el movimiento del finito e infinito. En la desesperación del infinito con carencia de finito, el yo se pierde en el infinito por ausencia de finito. El yo es el yo ficticio, el yo de su invención. La imaginación es el agente de la infinitización. Por la imaginación él se vuelve infinito. La existencia es estatuaria, el sentimiento es insensibilidad. El conocimiento se vuelve monstruoso, porque se encierra en sí mismo. El imaginario transporta al hombre al infinito, alejándolo de sí mismo, se desvía del regreso a sí mismo”.

Si el hombre se pierde en la imaginación, sin vínculo que lo prenda a lo real, vive en el delirio, en la fantasía. Kierkegaard ejemplariza de la siguiente forma: “es como un cazador de mariposas que, en la ansia de cazar la mariposa, se pierde en la selva y olvida el camino de vuelta”.

El yo también se pierde cuando en caída en el finito por ausencia de infinito, se detiene a lo real, en una acción repetitiva sin espacio para la imaginación.

En la desesperación de la necesidad y de las posibilidades, el yo se constituye como necesario por las normas sociales, la cultura donde vive, la historia de la cultura, la propia historia individual. El hombre vive en las necesidades que limitan y en las posibilidades que lo ilimitan. Se concluye que la vivencia de la dialéctica de la necesidad y de la posibilidad es la vivencia de la libertad. O sea, la libertad es limitada por las necesidades, es ilimitada por las posibilidades. Frente a las necesidades, que se constituyen por el cuerpo, tiempo, contexto; hay también los posibles, que son dados a escoger. Y es este movimiento de posibles y necesarios que se constituye como libertad.

El hombre que no establece el movimiento necesidad-posibilidad, quedando aprisionado al necesario, paraliza en aquello que lo social manda, aquello que las normas determinan, nunca aventando a posibilidades. O sea, con miedo del riesgo, el yo se pierde en el necesario y no se lanza a los posibles. Pero si el hombre se prende a los posibles, olvidándose de lo necesario, es nada más ni nada menos que una ilusión, porque en el campo de los posibles nada se realiza.

En la dialéctica del eterno y del temporal, se tienen las vivencias del tiempo. Si el hombre se pierde en lo eterno, cree que para sí todo es posible, se olvida de su temporalidad. Kierkegaard dice que cuando el hombre vive la religión su ego se centra en él, se cree eterno, pero en la eternidad como locura, se cree que se es especial y no se muere. Pero, a vivencia del temporal, con carencia del eterno, en su extremo, también se tiene la sensación de muerte eminente. Y en la tentativa de evitar la eminencia de esta muerte, este hombre se impide de cualquier posibilidad, se entrega a la vida sin arriesgar. El miedo de que la muerte luego venga. Para evitarla, lucha para que nada le ocurra a fin de aplazar su muerte.

En la dialéctica de la formación del yo, éste se constituye siempre en movimiento. El yo se constituye en la vivencia del finito y del infinito, de lo eterno y de lo temporal, de la necesidad y de la posibilidad. Dice Kierkegaard: el yo se pierde cuando tiene la carencia de una de estas paradojas. En la tentativa de evitar la paradoja, el yo se pierde. En la tentativa de resolver la paradoja, el hombre también se pierde. O sea, el yo es movimiento, el yo se constituye en movimiento y la paralización en un extremo de un de estas paradojas implica en la pérdida del yo. Que él mismo va a denominar su estado de caída.

Kierkegaard describe la desesperación bajo la categoría de la conciencia: la desesperación por la conciencia de tener un yo y la desesperación por la conciencia de no tener un yo (o la desesperación inconsciente de tener un yo).

En la desesperación inconsciente de tener un yo, el ser se coloca como víctima del mundo. Todo cuanto le ocurre o que deja de ocurrir es porque tuvo suerte en el mundo o azar, entonces fue “el mundo” que lo regaló o no. No reconociendo su yo libre, hacedor, coloca su yo como juguete del mundo. No reconoce su acción, colocando la responsabilidad por todo cuanto le deviene a lo externo.

Por otro lado, en la desesperación consciente de tener un yo, se tiene la desesperación desafío, en el cual el hombre lucha desesperadamente para ser el yo de su invención – desesperación de ser sí mismo. Y la desesperación de no ser sí mismo, donde el yo se desespera en ser algo diferente de lo que es, en acción. Como el yo se constituye en la relación que establece consigo mismo y en la relación que establece con el mundo, el yo es sí mismo y es relación con el mundo. El yo se constituye en esta duplicidad, yendo y viniendo. Yendo al mundo y viniendo a sí.

En la desesperación de ser sí mismo, el yo se relaciona consigo mismo y se olvida del mundo. Entonces, se constituye el yo de su creación, sin relación alguna con el mundo. Se separa del mundo.

En la desesperación de no ser sí mismo, el yo es aquello que el mundo dice que debe ser. Va para el impersonal. En el tiempo todo el yo se constituye de la conciencia de tener un yo, yendo al mundo y viniendo a sí mismo. Y ahí está el gran peligro: es muy fácil perderse en el mundo, como es muy fácil perderse en sí mismo.

Una propuesta de psicoterapia desde la constitución del yo, implicaría en ayudar a aquél que pide ayuda a retomar el movimiento. La cuestión está en como proceder para reestablecer el movimiento del ser.

En “Mi punto de vista” de 1859, Kierkegaard se define como un autor religioso. Sus obras estéticas y éticas consistieron en una estrategia para encontrar al otro, dirigiéndose hasta donde éste otro está para entonces, comenzar de allí. Continúa diciendo que “ayudar al otro consiste en desembarazarlo de los lazos de la propia ilusión”, y así llegar a ser lo que es en su interioridad. Este trayecto,  sin embargo, se da por la ponderación. En esta obra, Kierkegaard tiene como proyecto esforzarse en el sentido de sacar al hombre de la ilusión de ser aquello que no es. Plantea, para tanto, las siguientes recomendaciones:

– La destrucción de la ilusión por vía indirecta: para que la ilusión sea arrancada por la raíz, debe procederse por medios indirectos pues, de forma directa, su destrucción queda imposibilitada;

– Permanecer en la situación, acompañándola y poniendo próximo: al ayudar al otro a salir de la ilusión. Solo de esta forma habrá la posibilidad de arrancarlo de la ilusión, sabiéndose, que la tarea es difícil de cualquier modo;

– El no testimonio del auto reconocimiento de la ilusión: al organizarse el método indirecto, se debe proceder dialécticamente y, enseguida, retirarse tímidamente para no prestar testimonio el reconocimiento que el hombre hace de sí mismo por haber vivido una ilusión;

– La paciencia como forma de actuar: es importante la paciencia, con impaciencia se puede acabar fortaleciendo la ilusión. Paciencia y cuidado son fundamentales para disipar la ilusión.

– El entendimiento de aquello que quien necesita de ayuda entiende: para ayudar al otro se debe, más que entender al otro, entender lo que el otro entiende. Si así no es, el auxilio de nada le valdrá. El proceso comienza cuando se puede entender lo que el otro entiende y la forma como entiende;

– Comenzar por donde aquél que necesita ayuda está: aquél que vive en la ilusión, en la mayoría de las veces, vive el estadio estético-ético. La estrategia consiste en comenzar por las obras estéticas;

– La actitud de humildad: si, orgulloso por el conocimiento, aquél que ayuda, antes de estar dispuesto a ayudar, anhela que lo admiren,  no podrá llevar a cabo su tarea, una vez que ésta se da por la actitud de humildad.

– Aquél que ayuda debe de colocarse como desconociendo, más de lo que aquél a quien ayude;

– Ser el oyente complaciente y atento: con mucha atención se llega hasta aquél que está equivocado;

– La responsabilidad de aquél que ayuda: aquél que está dispuesto a ayudar, carga la responsabilidad, como también debe despender de todo el esfuerzo en el sentido de ayudar. Sabe, sin embargo, que el valor del hecho dependerá apenas del resultado logrado;

– Las interpretaciones poéticas: las metáforas y las poesías ayudan a aquél que habla de su sufrimiento, de forma que él no sepa que no se comparte de su pasión, y sí, de que se quiere librarlo de ella;

– La escucha sin asombro: se debe ser un oyente que sienta y escucha lo que el otro encuentra más placentero en contar. Sin asombro, presentarse con el tipo de pasión del otro hombre, alegre para los alegres, en tono menor para los afligidos.

Concluye, desde estas ideas, el filósofo dinamarqués, que ayudar no significa ser soberano y, sí, criado. Ayudar no significa ser ambicioso, y sí paciente. Ayudar significa tener que resistir, en el porvenir a la censura de que se está equivocado, y por tanto, incapaz de entender lo que el otro entiende. A pesar de todo esto, ayudar sin temor, aunque se sepa que, en verdad, esta tarea es imposible de realizarse sin miedo y sin temor.

Referencias Bibliográficas:

KIERKEGAARD, S. (1968). O conceito de angústia. São Paulo: Hemus. (Originalmente publicado en 1844).

– – – – – – (1961) .Desespero: a doença mortal. Rio de Janeiro: Livraria Tavares Martins. (Originalmente publicado en 1936).

– – – – – -(1988).Mi punto de vista. Madrid: Aguilar. (Originalmente publicado en 1859).

FEIJOO, A.M (2000). A escuta e a fala em psicoterapia: uma perspectiva fenomenológico- existencial. São Paulo: Vetor.

* Doctora en Psicologia de la UFRJ, Master en Psicologia de la Personalidad de la FGV/ISOPE, Especialista en Psicologia Clínica del Instituto de Psicologia Fenomenológico-Existencial de Rio de Janeiro – IFEN, Socia Fundadora, Presidente, Responsable Técnica, Profesora, Supervisora y Orientadora de Monografias del Curso de Especialización en Psicologia Clínica del Instituto de Psicologia Fenomenológico-Existencial de Rio de Janeiro – IFEN y Profesora adjunta de la Universidad Estatal de Rio de Janeiro – UERJ. Autora de libros, capítulos y articulos desde el abordaje fenomenológico – existencial. Trabaja como Psicóloga Clínica desde la perspectiva fenomenológico – existencial.

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  1. Qué buen artículo, gracias por compartir. Ando interesado en psicología y psicoanálisis y había leído que Kierkegaard había hecho algunas aportaciones, me ayudó mucho a comprenderlas. Saludos!

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